domingo, 26 de junio de 2011

serie ¿Como Ocurre el Enfriamiento espiritual?


I.-El principio de la realidad.


La vida del hombre siempre está regida por principios y leyes que Dios en su soberana voluntad ha puesto en este mundo. Lo mismo ocurre en el reino animal y lo mismo sucede en el reino espiritual. 
Tomemos como ejemplo los leoncitos recién nacidos, no importa si son leones o no, lo que cuenta es que aun no están preparados para sobrevivir en medio de una jungla tan sangrienta y peligrosa ya que dependen total y completamente de su padre, si así mismo dependen de su padre; no importa si su madre es experta cazando y nunca les falta provisión para comer si un día su padre es demasiado débil y ya no puede defender su manada de otros leones, los leones más fuertes y jóvenes matarán a los leoncitos sin ningún tipo de piedad para poder apoderarse de la manada ya que los leoncitos son peligrosos potencialmente hablando y una vez que llegan a ser adultos serán tan agresivos y voraces que serán capaces de todo tipo de ataques. 
De igual forma un día en nuestras vidas el amor de Dios se hace tan evidente que decidimos aceptarlo y seguirlo, pero al pasar el tiempo somos víctimas de nosotros mismos y como leoncitos recién nacidos aunque tenemos todo el potencial para ser vencedores ignoramos todos los peligros que nos acechan en nuestra nueva vida de cristianos y fracasamos vez tras vez en nuestros intentos de vivir para Dios como a Dios le agrada. 
Es así como día tras día somos vencidos y derrotados por el diablo, el mundo y la carne y poco a poco nuestras vidas se van opacando y comenzamos a vivir según nuestras propias ideas y normas, pero éste es un proceso inconsciente muy sutil y engañoso.  Por muchos años se nos ha enseñado que tenemos un adversario muy poderoso y que debemos tener cuidado de él, pero lo que no se nos ha enseñado es que ese adversario allá en el principio miles de años atrás inyectó en nuestras vidas su germen maligno, su propia naturaleza y eso es lo que la Biblia llama el “pecado que mora en mi”. Ya a esta altura de nuestras vidas hemos sido derrotados una y otra vez  y nos ponemos a pensar si en verdad Dios es tan poderoso o lo que es peor si El verdaderamente es real, lo que antes no podíamos ver con claridad ahora lo vemos, que el pecado es muy destructivo y poderoso y que por más que nos proponemos no pecar al darnos la vuelta ya estamos pecando y ofendiendo el nombre de Dios. Lo que no sabemos es que Dios está ahí con nosotros.  El nunca nos deja, desde que Dios nos puso en la palma de Su mano el día que decidimos entregar nuestras vidas a Cristo nunca nos ha dejado y nunca nos dejará, siempre ha estado al lado nuestro, lo más hermoso de esta realidad es que El permite todo esto en nuestras vidas porque nos está enseñando que el caballo se alista para la batalla pero de Dios es la victoria, esto quiere decir que nunca seremos más que vencedores si confiamos en nuestras habilidades o en nuestro conocimiento intelectual de la verdad. 
Es así como los meses van pasando y aun los años y vamos a la iglesia y ofrendamos y cantamos, incluso hasta “diezmamos” y mostramos que somos más que vencedores pero muy dentro de nosotros mismos sabemos que somos débiles y somos derrotados, vez tras vez; hemos acudido a siervos de Dios “ungidos” para que oren por nosotros y no importa lo que hagamos o dejemos de hacer somos perdedores y el pecado favorito que tenemos nos arrastra vez tras vez y poco a poco nuestras vidas se tornan miserables y sin fruto. 
Lo cierto es que nuestro primer amor es tan grande y poderoso que en cada caída nos levantamos y seguimos adelante como si nos pareciera que esa es la vida cristiana normal y que pronto dejaremos de ser derrotados y nos esforzamos más y más de forma tal que asistimos a casi todas las reuniones de la iglesia participamos incluso en el coro y no nos perdemos ningún estudio de la palabra pero seguimos descubriendo que vez tras vez somos derrotados y nuestra vida lentamente se torna cada día mas estéril y sin fruto, lo que es peor nuestros tiempos de victoria son muy cortos casi siempre estamos en derrota y el pecado que nos asedia una y otra vez nos persigue cual poderoso gigante y nos acorrala y nos tumba una y otra vez. 
Al pasar el tiempo ya hemos aceptado conscientemente que así debe ser la vida del creyente pero ahora ya no luchamos como antes, hemos dejado de orar y leemos la Biblia solo cuando tenemos un poco de tiempo pero eso si, no dejamos de ir a la iglesia porque nuestra reputación está en juego y qué dirán los hermanos y hermanas de la iglesia, mas aun si tenemos algún cargo dentro de la iglesia no podemos dejar de ir a la iglesia porque somos miembros importantes de la misma pero ahí no termina todo esto es solo el principio de la realidad…
tomado de cristianismo primitivo

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